El premio, que trata de recompensar y honrar a personas físicas, jurídicas o morales
que hayan realizado una extraordinaria labor humanitaria, cultural o educativa en beneficio de mujeres africanas y de fomentar una mayor atención y sensibilidad hacia los derechos y la igualdad de la mujer africana, se ha concedido en esta edición a la costamarfileña Christian Kadjo.
Christiane Kadjo está licenciada en Ciencias Económicas y Comercio, ha trabajado en empresas de Costa de Marfil y de París y en organismos financieros internacionales donde ha ocupado cargos de responsabilidad. Sin embargo, decidió abandonar su carrera profesional, llena de posibilidades para dedicarse a la enseñanza y a la formación y promoción de mujeres marfileñas, para lo que creó, junto a otros marfileños la ONG –Education et Developpemenet- dedicada fundamentalmente a la formación y promoción de la mujer.
La primera iniciativa de la ONG fue crear el centro Yaraní en Abidjan con programas de formación profesional académica y de formación profesional express. Pronto inició otra escuela similar en Yamoussoukro, capital política de Costa de Marfil. Los dos centros han quedado seriamente dañados en la guerra pero lo peor es que las batallas recientes en Abidjan han dejado muchas familias abandonadas y sin alojamiento, todos los días reciben peticiones para encargarse de chicas que no tienen dónde ir y que ella y todo el equipo de dirección están empeñados en sacar adelante.
Después de varias tentativas de golpe de estado, en 2002 se produjo una rebelión que dividió el país en dos y que desemboco en la guerra de 2011, con grandes perjuicios tanto económicos como sociales.
En esta situación, la mujer ha sido la víctima principal, por una mentalidad que todavía privilegia a los hombres en todo lo que se refiere a la educación. También se ha encontrado marginada en el mercado del empleo con dificultades para sostenerse con un trabajo remunerado o con actividades de lucro.
Lo que empezó como un sueño en el 92 es hoy una gozosa realidad con nombre de jóvenes empresarias que han empezado pequeños negocios después de un año de formación en técnicas de gestión de empresas, de mujeres que han cambiado su vida al pasar por Yarani, y de alumnas que estudian en sus centros.
En esta situación, la mujer ha sido la víctima principal, por una mentalidad que todavía privilegia a los hombres en todo lo que se refiere a la educación. También se ha encontrado marginada en el mercado del empleo con dificultades para sostenerse con un trabajo remunerado o con actividades de lucro.
Lo que empezó como un sueño en el 92 es hoy una gozosa realidad con nombre de jóvenes empresarias que han empezado pequeños negocios después de un año de formación en técnicas de gestión de empresas, de mujeres que han cambiado su vida al pasar por Yarani, y de alumnas que estudian en sus centros.